No extraño Estados Unidos, para nada, aquí con mi familia estoy bien, tengo mi trabajito ahorita. Allá (pagan) en dólares, pero qué me ganaba si no estaba la familia, no hay como la patria de uno”, así describe su regreso a México, José Gabriel Castillo Pérez, quien fue deportado hace 8 meses, aproximadamente, desde Estados Unidos.

Decidió ir a trabajar a la Unión Americana hace 11 años y se estableció en la ciudad de Denver, Colorado, donde trabajó como panadero. Originario de Irapuato, hoy a sus 51 años, Gabriel se dice animado por las oportunidades que encontró a su regreso a Guanajuato gracias al Gobierno estatal.
Consideró que de haberlas tenido antes, no hubiera partido: “Con todo el apoyo que nos están dando, no hay como México, aquí se hace también, no es necesario andar por allá, yo pienso hacerla aquí”, afirmó Gabriel, entusiasmado porque una de sus primeras metas es certificar su primaria gracias al trámite simplificado del Programa Educación Sin Fronteras del Instituto de Alfabetización y Educación Básica para Adultos (INAEBA).

Educación Sin Fronteras, arrancó hace poco más de dos años para atender a los migrantes guanajuatenses en rezago educativo que vienen al estado de vacaciones, o que se encuentran en situación de retorno, ya sea por regreso voluntario o por repatriación.

Por medio de un examen único de conocimientos, pueden acreditar la primaria o la secundaria y se les brindan facilidades tanto para su incorporación, como para la entrega de sus certificados digitales con validez oficial.

Para ampliar los servicios, el INAEBA también realiza jornadas de aplicación de exámenes a migrantes guanajuatenses que no pueden regresar a México en algunas ciudades de los Estados Unidos, hasta donde les es llevado su certificado.

Durante el periodo vacacional de diciembre del 2018 y enero del 2019, el INAEBA atendió a  509 migrantes en el estado, entre ellos, a Gabriel Castillo, quien confía acreditar su examen de primaria.
Cuando era niño, recuerda que en su familia no contaban con los recursos económicos suficientes para enviarlo a la escuela.

Pero hoy, las cosas han cambiado y con la gran cantidad de apoyos del Gobierno estatal para los estudiantes, no hay pretexto para que no vayan a la escuela, asegura: “Que estudien (niños y jóvenes)porque con un estudio se agarra un trabajo mejor, no hay como el estudio, la primaria, la secundaria y la prepa para que no anden navegando por ahí. Ahorita que estoy aquí digo: vamos por la secundaria”.

El día que fue deportado a Ciudad Juárez, una asociación lo apoyó económicamente con el transporte hasta Irapuato, donde ya lo esperaba su familia en la central camionera.

“Cómo lloré, me estaban esperando mis hijos y mis nietos. Estar con la familia no se compara con nada, ni con el dinero que uno gana allá; dejé camionetas y todo allá, y me vine, ¿dónde quedaron?, quién sabe, pero Dios nos tiene algo mejor preparado: ahorita soy el hombre más feliz del mundo (con mis nietos), una de 11, una de 8, uno de 5 y uno de un año”, concluyó Gabriel Castillo.