Eugenio Amézquita Velasco

(Haga click para imágenes y video en el siguiente enlace: https://photos.app.goo.gl/fSi4egHeqykDzzzt8)

GUATEMALA, GUATEMALA.- Fray Gabriel Gutiérrez Ramírez OFM, mejor conocido en las calles de Colombia como "Frayñero", puso de manifiesto la violencia y el abandono en el que viven miles de colombianos en las calles de su país y el desplazamiento que sufren por vivir precisamente en la calle y convertirse en un "paisaje negativo" para muchos, inclusive para las mismas autoridades.

El sacerdote franciscano, de la Provincia Franciscana de la Santa Fe de Colombia, compartió su experiencia, plasmada en el III Congreso Franciscano Misionero de América Latina y el Caribe, que reunió a frailes y seglares de diversas partes del continente y donde se abordaron los temas de la paz, el cuidado del medio ambiente y los migrantes.


Qué es la Gentrificación

El término gentrificación (proveniente del inglés gentry, «alta burguesía») se refiere al proceso de transformación de un espacio urbano deteriorado —o en declive— a partir de la reconstrucción —o rehabilitación edificatoria con mayores alturas que las preexistentes— que provoca un aumento de los alquileres o del coste habitacional en estos espacios. Esto provoca que los residentes tradicionales abandonen el barrio —y que se sitúen en espacios más periféricos—, lo que produce que este «nuevo» espacio termine por ser ocupado por clases sociales con mayor capacidad económica que les permita afrontar estos nuevos costes. Este proceso tiene especial relevancia en los últimos años en los países capitalistas y principalmente en ciudades con importante potencial turístico y relevancia económica.

En ocasiones, también se utiliza para analizar esta situación respecto de usos comerciales o de servicios. Por ejemplo, la construcción de centros comerciales o tiendas pertenecientes a grandes cadenas, relegando a los pequeños negocios. La gentrificación no se centra únicamente en los aspectos físicos, sino que involucra una serie de cambios en la conformación de la población y se caracteriza por el desplazamiento de un estrato social por un estrato superior.

El efecto más notorio de la gentrificación es el desplazamiento de las clases populares.

Las clases populares pueden reducir su número en la zona por el envejecimiento de la población, a partir de desalojos por las condiciones ruinosas de un edificio, o por terminación de un contrato de alquiler y ausencia de una oferta de alquileres en la zona para este grupo social.

Los desplazamientos voluntarios suelen deberse al rechazo por la situación de degradación del caserío, por el pago de incentivos a cambio de su abandono a inquilinos con contratos blindados, o por la compraventa de la propiedad.

Una vez realizado este desplazamiento, se revaloriza el preciado suelo, comúnmente residencial, a través de la rehabilitación del edificio (recalificado habitualmente como residencia de alto nivel) o de la construcción de viviendas de nueva planta.

A esta expulsión progresiva de la población se le une la incapacidad de los desalojados o de jóvenes emancipados, originarios del barrio, de pagar una vivienda en él, como consecuencia de la revalorización y el aumento de los precios en relación a la vivienda.

Además del desplazamiento y la revalorización del suelo se perciben otros cambios comunes a este tipo de procesos, como la reducción de las tasas de ocupación de la vivienda (menor número de habitantes por vivienda) y la densidad de población de la zona. Asimismo, en zonas donde el alquiler fuera común, se dará una progresiva transformación hacia la modalidad de ocupación en propiedad.



El pánico bogotano en 2016

"Frayñero" narra que "los bogotanos entraron en pánico cuando el 28 de mayo de 2016, la alcaldía de Bogotá decidió intervenir el Bronx", una zona de la citada ciudad colombiana, "la olla más tenaz y terrible de la capital, donde se traficaba con personas, armas, sustancias psicoactivas; se ejercía la prostitución y se afirmaba incluso, que en el Bronx, existían "casas de Pique" y "guaridas" para esconder personas secuestradas por las bandas criminales".

Narra el fraile franciscano que "la intervención del Bronx era necesaria y urgente, fue pertinente ejercer "autoridad" y "soberanía" sobre ese "territorio vedado". Se debía desmantelar el llamado "Antro de la muerte", úes según la Fundación IDeas para la Paz, se identificaron cuatro dinámicas principales al intervenir el Bronx".

El fraile franciscano las enumera: Primera, la fragmentación del mercado de drogas y su compleja relación con los habitantes de la calle. Segunda, La naja visibilidad de los eslabones clave y la corrupción; tercera, el desplazamiento y desconcentración de los habitantes de la calle y cuarta, la vulnerabilidad de los menores de edad".

"La intervención del Bronx, evidenció un fenómeno que todos conocían, pero nadie se atrevía a visibilizar. El Censo de 2007 registraba una población de 9,614 habitantes de la calle. La Ley 1641, dentro de sus lineamientos para la formulación de la política pública social para habitantes de la calle, volvió a insistir sobre la caracterización de esta población para que se realizara un nuevo censo dada la complejidad del fenómeno callejero", explica el fraile.

"El VII Censo para habitantes de calle, se realizó el segundo semestre de 2017 arrojando datos importantes que servirán de base para el planteamiento de soluciones reales y concretas que permitirán reducir el daño en que viven más de 9,538 ciudadanos habitantes de calle en la capital dela república" de Colombia, dijo.


La violencia gentrificadora

Expresó que "las autoridades que intervinieron el Bronx pensaron que el asunto era solamente policivo, no midieron sus alcances. El fenómeno no se terminó, se diseminó por 20 localidades de la ciudad, generando un pánico colectivo, dando como respuesta acciones de violencia sobre esta población, particularmente sobre aquellos que no accedieron a los progresos ofrecidos por la Administración distrital".

Subrayó "Frayñero" que " de los 9,538, el estado atiende en sus centros casi el 30% de los ciudadanos habitantes de calle, el resto sigue en las calles, parques, caños, cambuches, andenes, puertas de iglesias haciendo de las calles su estilo de vida y en muchas circunstancias objeto de instrumentalización de las bandas criminales y "Ganchos" que hacen del microtráfico un sustancioso negocio".

Externó que "este panorama que he descrito lo comencé a observar en agosto de 2016 en las calles y caños aledaños a la Parroquia de San Bernabé en Bogotá, más específicamente en el caño de la calle 6. Me impresionó mucho ver a más de 800 seres humanos viviendo en un caño de aguas pútridas, rodeados por policías que no los dejaban salir hacia los vecindarios, además de manifestaciones de residentes protestando por su presencia, bloqueando las vías públicas y solicitando "que les saquen a los Ñeros de sus barrios" ya que según ellos "dan sensación de inseguridad y peligro para los niños, los negocios, además de afear el barrio"".

Cómodo en mi convento y predicando el amor a los pobres

El fraile franciscano reflexiona. "Debo confesar que me impresionó lo que observaba, me dolió y me rompió el alma... ¿Esto ocurre en COlombia? no lo podía creer. ¿Unos seres humanos metidos en un caño podrido y rodeado por policías?¿Qué e slo que está pasando?... Debo admitir: yo también estaba ciego, muy cómodo en mi convento.. Supuestamente predicando sobre el amor a los pobres... pero muy lejos de ellos... Sentí vergüenza... esa noche, el sueño fue escaso... podía oír los gemidos de más de 800 habitantes de calle que gritaban y pedían auxilio... Pero nada ni nadie los veía y escuchaba".

Por esos días, como una verdadera avalancha sólo se hablaba de los habitantes de cale en la ciudad de Bogotá. Todos los veían como lobos feroces que a todos querían devorar. "No le hagamos la vida feliz a los habitantes de la calle", decía el señor alcalde Enrique Peñalosa.

"Los medios de comunicación sólo mostraban imágenes sobre habitantes de la calle, atracando a las personas, robando espejos en los semáforos, asustando a los niños en las puertas de los colegios y pidiendo limosna por cuanto establecimiento comercial pasaban. La gente opinaba llena de rabia y casi con odio sobre esta población", explicó.

Y decían: "Por qué no los amarran y los llevan a una fila para que todos esos vagos y bandidos trabajen", señaló.

El Hno. Gutiérrez OFM explicó que los alcaldes de los pueblos vecinos y de otras ciudades del país comenzaron a quejarse por los extraños visitantes que eran llevados en camiones como si fueran animales o desechos.

De mayo a septiembre de 2016 ocurrieron repetidos episodios de violencia contra esta población; hechos que aún no han sido lo suficientemente investigados y que nos hacen pensar y preguntar ¿Por qué matan estos ciudadanos? ¿Quiénes los matan? Algunos investigadores indican que en los últimos 5 años han asesinado en Bogotá más de 500 ciudadanos habitantes de la calle y lo que llevamos de 2018 van más de 40, resaltó.




Callejear la fe

Todo esto seguía rondando mi cabeza, medita el fraile franciscano, y cuestionando mi silencio y tal vez mi indiferencia como franciscano. Decidí entonces regresar al caño de la 6 con un canasto lleno de pan y bebidas calientes.

Cuando me disponía a entregar los alimentos, nos intervino la policía, quienes con código en mano, nos decían que estaba prohibido dar alimentos a "esa gente en las calles", que para eso el estado tenía albergues para ellos.

El hambre acuciaba, los ánimos de todos se alteraban, pero más podía el hambre de estos sere shumanos que las extrañas leyes de la policía; desafiando el momento, procedimos a repartir los alimentos... A los pocos minutos llegaron muchos motorizados de la policía, hostigando a los habitantes de calle y a nosotros que sólo queríamos ejercer la caridad.



Aquí inició para mí este ministerio que no ha sido nada fácil. Decidí meterme en el caño con ellos para ganar su confianza y aprender sobre este fenómeno complejo. En un primer momento decidí pedir permiso a los "jíbaros", que me permitieran llevar ayuda humanitaria distribuyendo comida, medicinas y ropa, petición que me fue aceptada con algunas condiciones; no tomar fotos, avisar hora de entrada y salida, no llevar cámara de video y otra serie de restricciones.

Comprendí que allí había "jefes" y "estructuras" y "leyes", las cuales se debían respetar y acatar si quería permanecer y ejercer la labor humanitaria y pastoral que el Señor de los pobres me estaba pidiendo y que tantas veces había leído en los escritos franciscanos sobre el significado de San Francisco al "abrazar al leproso" y por otro lado las constantes llamadas del Santo Padre Francisco a "Callejear la fe" y experimentar a Dios en las calles frías y duras que para muchos seres humanos sirven constantemente de dormitorio.

Comprendo que debía callejear la fe para palpar la ciudad y ejercer la compasión y la misericordia con miles de seres humanos que por múltiples razones tienen que vivir en las calles, sin ninguna posibilidad de futuro a no ser que todos nos decidamos a proponer salidas humanitarias y soluciones donde ellos sean incluidos como ciudadanos sujetos a derechos y no solamente objetos de violencia y represión.

NOTA:
En las siguientes coordenadas de este mapa de Google Maps a nivel vista de calle, en la ciudad de Bogotá, se ubica la calle 6 y pueden verse en el camellón central de esta avenida, dos habitantes de la calle durmiendo o descansando: