Eugenio Amézquita Velasco

Hablar de mártires guanajuatenses, producto de la guerra cristera, es obligado hablar de un gran sacerdote, originario de Yuriria, Guanajuato; de la isla de San Pedro, para ser más preciso.

"En la región suroriental del Estado de Guanajuato surgen dos montañas en pleno Bajío: Culiacán y La Gavia, de tres mil y dos mil metros de altura sobre el nivel del mar, respectivamente. El cerro del Culiacán es imponente y majestuoso, con su perfecta linea cónica, que le da un aire de prócer elegancia por todos los lados que se le contemple".

"Su mole gigantesca esta surcada, en todas sus laderas, por barrancas profundas, pobladas de exuberante vegetación y de rutas misteriosas, algunas de las cuales son verdaderos laberintos".

"En el último tramo de su cuesta, desde La Silleta hasta la cumbre, hay manchas raídas de encinares y una alfombra policromada de anémonas. Enormes peñascos coronan su macizo y la cúspide es explana yerma, sombreada apenas por tres o cuatro robles centenarios y por la cruz de veinte metros de altura. Actualmente se levanta un torre de transmisiones".

"La fantasía hispánica denominó Gavia al otro cerro quizá por su semejanza con una embarcación, cuyo mastelero mayor abre su vela a todos los vientos. Tal parece en efecto el peñón central de su cumbre, cuyos pies hay también un castillo natural formado de rocas".

"Muy cerca de allí, en una encantadora explanada cubierta de vegetación, un rancho de unos mil habitantes da vida a la montaña que lleva su mismo nombre. Tiene también, como Culiacán, barrancas y grutas y, por su ladera sureña, desciende un cristalino arroyuelo que nace de un hontanar cimero".

"En medio de estos dos hermosos cerros, muellemente recostado sobre la falda de Culiacán, vive tranquilo el poblado de la Cañada de Caracheo, llamada también de Dolores por ser su Patrona la Divina Madre Dolorosa. Su nombre lo he encontrado una sola vez en un documento de 1649, entre la lista de la Doctrina de la Parroquia de Yuririhapúndaro".

Hasta 1891 fue erigida en la Vicaría fija de la misma Parroquia Yurirense, siendo su primer Vicario el R. P. Agustín Ballesteros, que construyó la primera capilla, que se conserva todavía no del todo arruinada, pues el frontis y todos los muros se encuentran en pie, aunque sin techos. Durante sus cincuenta y seis años de existencia, ha tenido dieciséis Vicarios fijos, de los cuales catorce han sido Agustinos y dos del Clero Diocesano en los diez años que cuenta de secularizada la Vicaria.

"El Padre Fray Elías del Socorro Nieves fue su octavo Vicario y la regenteó durante siete años, tres meses y una semana (diciembre 2 de 1921 -marzo 10 de 1928). Allí desplegó sus energías apostólicas en lo espiritual y material. Su primera preocupación fue terminar el nuevo templo, que había comenzado y adelantado su antecesor inmediato el Padre Fray Ildefonso Ortega, ya que en los diecinueve años que duró allí (1902-19021) logró construir las dos torres y los muros de las tres naves hasta el arranque de las bóvedas, tocando a Fray Elías cerrar éstas, levantar la cúpula, edificar el altar mayor y los colaterales, decorar y pavimentar el sagrado recinto".

"Todo lo cual quedó perfectamente concluido en el término de dos años escasos, pues en noviembre de 1923 el Excmo. y Rvmo. Sr Arzobispo de Morelia Dr. y Mtro. D. Leopoldo Ruiz y Flores se dignó bendecir la iglesia y consagrar el altar mayor".

Fue entonces cuando dijo el insigne Prelado: "Es una joya en un estercolero", refiriéndose  al contraste entre su belleza artística y la insignificancia del poblado. Pero, al levantar los ojos hacia la montaña de Culiacán se corrigió el mismo exclamando: "He dicho mal. Más bien debo decir que es joyel de arte incrustado en una joya de Dios".

"En efecto, aquella catedral en miniatura (mide 32 mts. de longitud por 12 de anchura) se destaca graciosa sobre el fondo de la montaña, con sus dos torres ojivales de 23 metros de altura y su cúpula plateresca".

"De este último estilo es también el interior  de la iglesia, que fulge como un precioso relicario. Dos años después, en 1925, -como un recuerdo del año santo-, colocó el reloj público, que marca las horas con resonancia musical por el eco de la montaña".

T"odos los fondos para esas obras los obtuvo Fray Elías recorriendo la aldea de puerta en puerta, los mismo que los pocos ranchos de la jurisdicción, para recibir cinco o diez centavos semanarios  en cada una de las cabañas de sus pobrisimos feligreses".

"La Cañada tenía entonces aproximadamente mil habitantes que hoy se han triplicado. En las rancherías habría unos 2.000 en conjunto. De vez en cuando recibía alguna ayuda considerable de la familia Malagón, dueña de la Cañada y otras haciendas".

"El continuo trato con sus feligreses tuvo el óptimo resultado de que los pudiese conocer a todos, no solo por su nombre, sino también por su carácter, índole y conducta, así como en sus necesidades materiales, sociales, morales y espirituales. Por eso, en su ministerio y apostolado, se iba cumpliendo al pie de la letra la parábola del BUEN PASTOR: "conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí". Sólo Dios sabe el bien y número que con ellos pudo realizar".

"Se hacen lenguas todavía aquellas ovejas, relatando los sabios consejos, los paternales represiones, los socorros y las medicina corporales y espirituales que de su caridad inagotable recibían. Algunos llegan a decir que hasta milagros les hizo y, al efecto, narran hechos que, si se llegaran a verificar o autentificar, resultarían sobrenaturales y portentosos".

"El Padre Nieves siguió fielmente el programa que San Pablo trazó a su discípulo San Timoteo: "Argúyeles, ruégales, repréndeles con toda paciencia y ciencia, porque vendrá el tiempo en que no les agradará la sana doctrina, sino que se entregarán a sus deseos carnales y, considerándose sus propios maestros, se taparán los oídos y los apartarán ciertamente de la verdad para volverlos a las fábulas de los hombres. Tú vigila, trabaja en todo, haz obra de evangelizador, cumple fielmente tu ministerio".

"Todos los testimonios que hemos recogido, están acordes en presentarnos al Padre Nieves como el pastor vigilante, laborioso, evangélico, apostólico, tanto en la palabra como en los hechos. Sus represiones fueron interpretadas a veces como demasiado severas, sobre todo cuando empezó a invadir su feligresía la moda inmodesta femenina y la fiebre de diversiones cinematográficas que se hacían cada día más inmorales".

"No puedo omitir a este respecto lo que me contó Don Andrés Malagón. En 1925 fue introducido en la Cañada el primer proyector cinematográfico contra la voluntad del Padre, que veía en ello un peligro moral para todos pero especialmente para la niñez y la juventud. Al pasar por el hogar donde lo estaban instalando, díjole Fray Elías a Don Andrés":

-"Amigo, ya estuvo que yo tengo que morir pronto".

"Fácil es comprender el íntimo significado de esta confesión en los labios de un Buen Pastor: "Yo doy mi vida por mis ovejas".

"La estaba dando, gota a gota, en su ímprobo e infatigable apostolado: predicación homilética, catequesis de niños y adultos, organización de asociaciones pías, cuidado exquisito de los enfermos, administración limpia y devota de todos los Sacramentos, obras de misericordia, labor de concordia en los hogares, oración ferviente por sus feligreses y aquella inmolación total de si mismo, juntamente con la Víctima Inmaculada del Altar, como lo revelan sus antedichas palabras confidenciales".

"¿Qué más podría hacer? Pudo más y lo hizo. Cuando en 1926 se dictaron las leyes sectarias de Calles, como todos sabemos, el Episcopado Nacional ordenó muy a su pesar que los sacerdotes se retiraran del culto público en los templos y administraran a sus fieles los servicios espirituales, como les fuese posible. Obedeciendo estas disposiciones, el Clero mexicano demostró ante Dios y los hombres su unidad inquebrantable y su adhesión heroica a la Silla de San Pedro".

"La respuesta del Gobierno sectario fue una declarada persecución a los sacerdotes, mandándolos aprehender donde se encontrasen ejerciendo su ministerio, así fuese en el santuario inviolable del hogar o en las grutas de las montañas. Muchos fueron aprehendidos y reconcentrados en la Ciudad de México, mientras que otros fueron sacrificados, especialmente cuando en 1927, se desató la rebelión del pueblo católico mexicano en defensa de sus legítimos derechos religiosos".

"Desde luego nadie podía obligar a los sacerdotes a permanecer en su puesto, ya que era necesario andar huyendo para escapar de la injusta persecución. Muchos, sin embargo, permanecieron fieles, aunque no manifiestos sino ocultos, al lado de su grey".

"En este número se contó el Padre Nieves. Pudiendo atender a sus feligreses desde Cortazar, Celaya o Salvatierra -ciudades en que podría tener más garantías que en un rancho-, prefirió consciente y heroicamente quedarse en medio de sus ovejas, evocando una vez más con su actitud la parábola del Buen Pastor: "El mercenario, cuando ve llegar al lobo, huye por no ser propias las ovejas,; pero el buen pastor, que las amas como suyas que son, expone por ellas su vida".